El artículo original fue publicado en neerlandés por PersVeilig y puede encontrarse aquí: https://persveilig.nl/artikelen/reportage-engarde
La ropa de protección ya no es necesaria para los periodistas únicamente en zonas de guerra. En los Países Bajos, los riesgos también están aumentando durante manifestaciones y disturbios. La empresa EnGarde, con sede en Holanda Septentrional, suministra chalecos protectores a un número cada vez mayor de periodistas.
“Si sujetas esta correa y levantas esa solapa, te ajustaré esto a la cintura”, dice Marije Poelsma, de EnGarde, mientras manipula los cierres de velcro. “¿Está cómodo? Bien, ahora colocaré el protector de cuello”. Marloes, de PersVeilig, a quien Marije le está colocando una especie de chaleco azul marino con la palabra “Press” en el pecho, lo acepta de buen grado: “Me recuerda a la primera vez que tienes que aprender a ponerte un portabebés”.

La oficina de EnGarde en Heiloo tiene vistas a los campos de Holanda Septentrional. En el interior, cuelgan fotos ampliadas de hombres con expresión seria vestidos con ropa de protección. EnGarde vende blindaje corporal: desde chalecos resistentes a puñaladas hasta placas rígidas capaces de detener balas de un Kalashnikov. Su blindaje se utiliza en todo el mundo, desde la policía de España hasta los agentes de seguridad municipal en los Países Bajos. También lo usan los periodistas; la empresa suministra a agencias como Reuters y NPR en EE. UU., ZDF en Alemania, y NOS y ANP en los Países Bajos.
“A los periodistas que se ponen en contacto con nosotros, siempre les pregunto: ¿a dónde vas?”, dice Marije. “Los disturbios en el fútbol conllevan riesgos diferentes a los del frente en Ucrania”. La mayoría de los periodistas a los que ayuda trabajan en los Países Bajos, donde la ropa de protección se ha vuelto casi indispensable para fotógrafos y reporteros. Marije toma un panel flexible que cabe en un chaleco reflectante. “Esto protege contra tijeras, punzones, agujas, destornilladores o cuchillos de cocina. Se lleva debajo de la ropa, por lo que no es visible”.
Los chalecos visibles con la inscripción “Press” se utilizan en zonas de conflicto donde, por ejemplo, hay francotiradores activos. Tienen nombres como Panther, Leopard y Rhino. En estos chalecos se pueden introducir paneles y placas antibalas en el pecho y la espalda. También se les puede añadir un protector de ingle. “En total, llevas unos 9 o 10 kilos de peso extra”, dice Marije. Algunos chalecos tienen bolsillos de almacenamiento, incluso para bolígrafos, y un asa para arrastrar a un colega a un lugar seguro en caso de emergencia.
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El propietario Edgar Stek explica cómo fundó EnGarde en 2003 con dos amigos. “Oímos que, tras el 11 de septiembre, las puertas de las cabinas de los aviones se fabricaban con un material antibalas ligero de DSM en Heerlen. Pensamos: ¿y si fabricamos blindaje corporal con eso?”. Al ser una empresa neerlandesa, pudieron establecer contacto fácilmente. “Y con la llegada de internet, pudimos vender nuestros productos en todo el mundo”.
Edgar y Marije suelen oír que los periodistas están encantados de dejar de usar los “chalecos de préstamo” de las redacciones. “Esos chalecos viejos son pesados, se mueven demasiado y quedan como un saco”, dice Edgar. EnGarde ofrece chalecos en varias tallas. Los paneles más recientes, resistentes a balas y puñaladas, son más ligeros y flexibles, y se adaptan cada vez mejor a las formas femeninas, añade Marije. “Eso aumenta la comodidad al llevarlos”.
EnGarde no tiene una tienda física o virtual convencional, pero hace una excepción con los periodistas. “Si tienes que salir pasado mañana, puedes venir hoy a probarte un chaleco y, por lo general, te lo puedes llevar de inmediato”. Se incluye una bolsa de transporte, un manual de mantenimiento y ayuda para el montaje y ajuste. Poelsma dice riendo: “Y no dudes en llamar si olvidas cómo se pone; una vez vimos en televisión a un reportero que llevaba el chaleco al revés”.
Texto: Jolanda van de Beld
Fotos: PersVeilig